Los devocionales familiares son como todo en la vida cristiana: hemos hecho de ellos algo más complicado de lo necesario, y entonces vivimos con un sentido de fracaso.
La mejor manera de medir el éxito del devocional familiar es haciendo esta pregunta: ¿lo hicimos?
Cuando respondamos una vez “si”, y luego una más, y una más, y luego nos evaluemos por los cientos de momentos que hemos dedicado a Dios en familia, veremos cómo habrá obrado poderosamente en los corazones de nuestros hijos y de sus padres.
Veremos que Él habrá obrado a través del compromiso que hicimos de sostener una tradición simple y maravillosa.